Hace unos años, en Lliria, un pueblo de Valencia, se me acercó un mendigo a pedirme un cigarro, yo estaba llorando, triste, rabiosa, jodida con la vida... con estos síntomas, está clara la enfermedad... amor. Aquel mendigo, me miró, y me dijo varias cosas, una de ellas se me quedó grabada: "Cuando dejes de buscar, encontrarás".
En aquel momento, aquella palabras no me aportaron nada, pero con el paso de los días, empezaron a retumbar en mi cabeza, acababa de leer "El Alquimista", y andaba yo muy atenta al "lenguaje universal" y a las "señales".
Sin saber muy bien como, acabé haciendo caso de aquel consejo, y... sorprendentemente, acertó.
Hoy no encuentro un mendigo que me aconseje, y paseo a diario por los peores barrios de mi ciudad... Será por qué no lloro?